El Comité Pro Salud Mental En Primera Persona y la Red Estatal de Mujeres de la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA reclaman medidas de apoyo comunitario desde edades tempranas y espacios libres de violencia para la infancia y la juventud.
El Comité Pro Salud Mental En Primera Persona y la Red Estatal de Mujeres de la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA han puesto el foco, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, en las condiciones de vida de las personas jóvenes y en cómo esa realidad puede afectar a su salud mental.
Aislamiento y precariedad
Según explican, el aislamiento es la principal barrera para una experiencia vital emancipadora. Señalan como dificultad mayor la precariedad del contexto laboral y habitacional, que a su juicio pone al filo de lo imposible el desarrollo de un proyecto de vida independiente. Aparecen así, indican, el temor a un futuro incierto y la vulnerabilidad.
Añaden que se observa una ruptura de los vínculos naturales y una redefinición de las relaciones sociales: a pesar de la hiperconexión con las redes, una persona joven puede quedar aislada, sola, sin identidad ni rol social.
Qué proponen
La fórmula para prevenir esta circunstancia, sostienen, son las medidas de apoyo comunitario desde edades tempranas. También piden lograr que la infancia y la juventud sean espacios libres de violencia. Sobre el entorno digital, advierten de que el cyberbullying pone a prueba la capacidad de respuesta de la mente y lleva las emociones al límite, y de que ofrece un modelo de éxito que no se corresponde con las expectativas reales, lo que produce frustración.
Esa presión social, afirman, genera desorientación y hace que muchas personas jóvenes se refugien en las adicciones, con y sin sustancias, un factor a tener en cuenta cuando se tiene un problema de salud mental.
Participación y voz propia
El Comité y la Red Estatal de Mujeres destacan como factores de desarrollo personal la participación en los procesos sociales de transformación y el derecho a ser incluido en la comunidad. Reclaman dar voz y escuchar a las personas con experiencia en salud mental para el diseño de políticas que les afectan, así como reconocer su lugar activo en la vida comunitaria.
«Que un diagnóstico no sea el obstáculo para una vida mejor; que la vida no sea un simple diagnóstico», señalan. Piden cambios reales y sostienen que la dignidad humana no se negocia.